De este rito suelen contarse mal dos cosas: de dónde vino la materia y qué hizo Zinnendorf con ella. La primera respuesta está en Estocolmo. La segunda, en una ruptura berlinesa de 1767.
Hacia mediados del siglo XVIII, Carl Friedrich Eckleff ordenó en Suecia un cuerpo de altos grados de cuño cristiano. Los documentos que de allí pasaron a los hermanos alemanes se conocen como las Actas de Eckleff, y sobre ellas se levantó el sistema. Hasta ahí la versión corriente acierta. Lo que la versión corriente añade —que un médico prusiano recibió unos papeles y fundó con ellos una gran logia— salta por encima de siete años y de un conflicto.
1763, 1765, 1767, 1770
Cuatro fechas ordenan la vida masónica de Johann Wilhelm Kellner von Zinnendorf. En 1763 entró en la logia berlinesa de los Tres Globos. En 1765 era su Maestro. En 1767 rompió con ella: aquella casa se pasaba a la Estricta Observancia, el sistema templario de von Hund que por entonces se llevaba media Alemania, y él no la siguió. Estuvo tres años fuera. En 1770 fundó la Große Landesloge der Freimaurer von Deutschland.
Conviene fijar la secuencia porque el error contrario es frecuente y viaja rápido: los Tres Globos son la casa que Zinnendorf dejó, no la que fundó. Y la corrección no es de anticuario. Un sistema que nace de una ruptura con la Estricta Observancia nace con una posición ya tomada sobre la cuestión templaria, y esa posición se le nota siglo y medio después, cuando su grado octavo cuenta la leyenda de los caballeros refugiados en Escocia y añade en el mismo aliento que la investigación no ha logrado demostrarla ni refutarla.
Dos sistemas, un tronco
Segunda confusión, y más tenaz que la anterior: el rito de Zinnendorf y el Rito Sueco propiamente dicho —el de la Orden Masónica Sueca— no son lo mismo. Salen del mismo tronco y se parecen como se parecen dos ramas de un árbol; son sistemas distintos y obediencias distintas, cada una con su gobierno, su escala y su historia. Emparentados, no idénticos. Quien lea uno esperando encontrar el otro leerá mal los dos.
La diferencia se ve enseguida en el modo de contar los peldaños, que es asunto de otro artículo de esta serie. Baste aquí decir que la propia fuente alemana describe la divergencia sin dramatismo, como quien anota que en otra casa se hace de otra manera lo mismo.
Lo que el archivo tiene y lo que no
La reconstrucción de Theodor Schaefer describe cómo una escala corta se fue desdoblando: el primer peldaño se abrió en aprendiz y compañero de San Juan; el segundo, en maestro de San Juan y aprendiz de San Andrés; el tercero, en compañero y maestro de San Andrés; el cuarto, en caballero de Oriente y caballero de Occidente, «como todavía hoy sucede en Suecia». Cuatro se volvieron diez sin que nadie inventara un grado.
Y aquí la parte incómoda, que este archivo prefiere decir antes de que la diga otro: las Actas de Eckleff no están aquí. Se las conoce de segunda mano, por la reconstrucción de Schaefer y por la clave de recensiones de Gloede —E. de Eckleff, N. de Nettelbladt, M. de las actas modernas—, y ninguna de las tres está presente como documento. Se trabaja sobre una genealogía reconstruida, no sobre el original.
Tampoco del fundador hay papeles. Ni biografía, ni correspondencia, ni acta de fundación: sobre la persona de Zinnendorf este corpus no conserva una sola fuente primaria. Lo único que lleva su nombre es el Libro de preguntas del sistema zinnendorfiano, que es libro del sistema y no sobre su autor. El rito conserva el nombre de un hombre del que apenas guarda letra.
El único testigo cercano
Hay una excepción, y es tan frágil como valiosa. Encuadernada a mano en un ejemplar procedente del archivo de la Gran Logia danesa aparece una nota que una segunda mano, en danés, atribuye a Schröder. Dice que el grado se tradujo fielmente de los rituales suecos, que Zinnendorf le introdujo varios cambios y que fue él quien le puso el nombre por el que hoy se le conoce. Si la nota dice verdad, ese nombre no es herencia sueca sino decisión personal del fundador, con testigo casi contemporáneo.
Se publica con tres reservas escritas, y las tres van pegadas a ella dondequiera que se cite. Quien la escribió tenía una posición en el asunto: Schröder estaba entonces sacando a Hamburgo de los altos grados. Es letra manuscrita leída en un escaneo, y pide un segundo lector. Y la atribución no la hizo la mano que escribió.
Una nota con sus tres reservas vale más que un hallazgo sin ninguna.
Cómo se dice esto en México
La Gran Logia de la Ciudad de México trabaja este rito de manera independiente y no cuenta con reconocimiento, autorización ni afiliación de la masonería alemana. Ese reconocimiento es una aspiración, y se busca por las vías fraternales que corresponden.
Decirlo aquí no es una salvedad legal pegada al final. Es la misma disciplina que obliga a decir que las Actas no están en el estante y que del fundador no hay una carta. Una casa que no se atribuye documentos tampoco se atribuye filiaciones.